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NUEVOS AIRES EN ORIENTACIÓN: ÚLTIMAS CLAVES

Hay que partir de una realidad, todos los niños y niñas pasan por el sistema educativo. Y al menos durante diez años (los que conforman la enseñanza obligatoria, entre los 6 y los 16 años) viven una de las experiencias más notables, relevantes y singulares de toda su vida: el proceso de socialización y de aprendizaje que denominamos formalmente escolarización.
Todo ello sin perder de vista el importante número de niños que experimentan, asimismo, la experiencia educativa planificada, en entornos específicamente diseñados para ello, en las etapas de educación infantil y postobligatoria. Sin obviar, por supuesto, lo que ha venido a denominarse la enseñanza a lo largo de toda la vida.
Y son los orientadores los que cubren todos esos años viendo a un niño desde Educación Infantil hasta la ESO o Bachillerato.

Es fundamental que la orientación cada vez sea más especializada. La complejidad en los procesos de enseñanza-aprendizaje de los alumnos, los problemas de personalidad y de conducta de los mismos, los casos cada vez mayores de acoso escolar y ciberbullying, la discapacidad, la educación inclusiva, etc. requieren profesionales con un alto nivel de competencia y especialización para poder abordar dichos problemas. Además de las tareas de orientación educativa y profesional, hay que dar respuesta desde diferentes ámbitos socioeducativos y comunitarios a otras demandas de las familias y del profesorado sobre aspectos psicológicos que inciden en la adaptación personal, escolar y social, así como en el proceso de enseñanza-aprendizaje.
La función de orientación debe ser técnica, especializada y con funciones claras, diferenciadas y delimitadas para los profesionales que la ejercen, que deben ser psicólogos, pedagogos y psicopedagogos.
El campo de la orientación es amplio y da cabida a los distintos profesionales, pero no es un cajón de sastre donde vale todo y vale cualquiera (se entiende cualquier titulación). Cualquier otra titulación que no sea las que hemos designado es una clara aberración. La pregunta es, ¿en educación vale todo? Está claro que no.
Cada uno de los profesionales mencionados tiene un campo de intervención importante, pero este debe estar delimitado por su propio perfil profesional.

Uno de los temas más controvertidos desde mi punto de vista es el de la evaluación psicoeducativa. Por poner un ejemplo, ¿una evaluación de TDAH la puede hacer cualquiera? Según distintas Órdenes, es quien asuma las funciones de orientación. Esta aberración profesional es muy grave y las autoridades educativas (y también sanitarias) debían contemplarlo seriamente.
El carácter preventivo de la evaluación psicoeducativa es uno de los valores de esta actividad. El generalizar la evaluación psicoeducativa a toda la población escolar es también un reto a conseguir.

Antonio Labanda Díaz
Psicólogo Educativo
Director Técnico de EOS

Last modified on Lunes, 02 Octubre 2017 07:45